« Inicio | Archivo de la Categoría 'Décadas'
Martes 1 Julio 2008

Gran parte de las trilogías concebidas para el cine —a excepción de aquéllas inspiradas por referentes literarios o historias desestructuradas previas— no son tales. Algún estudioso, sujeto a la tendencia tan humana de etiquetar todas las cosas, vislumbró el nombre perfecto con que arrejuntar unas cuantas películas del mismo director, o bien éste se dio cuenta de la redundancia sistemática en ciertos temas de su obra —repetición a palo seco y ajo duro, si prefiere denominarse así—. Pocos cineastas se arriesgan a proclamar un proyecto triple de futuro, en especial los conceptuales como Michael Haneke, que enseguida pueden perder la financiación que a ojos cerrados firman los estudios cuando se trata de príncipes míticos, animales parlantes o héroes con doble vida. Hasta el momento en que el director austriaco decida suicidarse intelectualmente, ninguna de esas criaturas poblarán sus trilogías, eso sí, manifiestas desde la primera entrega.

glaciacion-emocional-1.jpg 

A diferencia de otros que se quedaron en el camino —el ejemplo más reciente es Lars von Trier y su inacabada trilogía USA, a falta de “Wasington”—, Haneke completó su serie sobre la progresiva glaciación emocional de Austria, su país natal. La primera entrega, “El séptimo continente” (1989), le sirve al director para acuñar el término, no sin poca pretensión —recordemos que se trata de su debut en la gran pantalla—, y abrir boca para dejar la mandíbula desencajada ante la brutalidad epidérmica de sus imágenes. En apariencia, tampoco ocurre nada grave con el matrimonio de Georg (Dieter Berner) y Anna (Birgit Doll), al menos hasta que su hija Eva (Leni Tanzer) finge una ceguera, anticipándose a la catástrofe simbólica de la novela del escritor portugués José Saramago. Un ciego por otros dos. Pero, lo que fácilmente pudiera asirse como una metáfora corriente, Haneke lo transforma en un relato negro corroído por amenazas psicológicas nunca explícitas. Leer más >>

Lunes 30 Junio 2008

Lo más obvio que podría afirmarse respecto de Michael Haneke a estas alturas es que desagrada y perturba. El error que se comete al dejar caer tranquilamente —o con horror mal disimulado, cosa que sin embargo a él le haría mucha gracia— dicha aseveración fundamenta las sospechas que han alimentado la filmografía de este director autriaco. El desagrado y la perturbación las extrapolan espectadores acomodados a las películas que tienen enfrente o al autor que las ideó inspirándose, sin duda, en las fobias y alergias sociales que padece ese mismo público, entrenado en las pistas de la hipocresía. También constituiría una falacia señalar que Haneke es el único director contemporáneo, al menos europeo, capaz de mostrar la realidad más hiriente desde una pantalla desnuda. Con un poco de memoria o simple repaso de la cartelera reciente veríamos que el consumo de imágenes horripilantes extraídas de la realidad —o tamizadas por la hipérbole, lo cual reafirma aún más nuestra capacidad de aguante visual— no es algo infrecuente.

haneke-1.jpg 

Más bien al contrario: se paga con dinero y tiempo de esos cortos y preciosos fines de semana para conocer con pelos y señales secuestros, maltratos, injusticias callejeras, puñaladas, violaciones, diálogos banales, amputaciones, torturas, deformaciones físicas. Entonces Haneke —sin insinuar con esto que haya sido y sea el único en hacerlo— voltea la diana y muestra al monstruo latente tras esa máscara de repulsión que, a la par, disfruta con ella. Tal vez sea el castigo por nuestra apacible vida, otra obviedad en la que no conviene insistir. Los personajes de su cine, burgueses y anónimos, odiosamente normales y normalmente odiosos, también viven secuestros, torturas, amputaciones, maltratos, diálogos banales. Y ese ataque satírico, que marca con la pausa impedida por el medio televisivo —y a veces favorecida por él mismo, como es el caso del rewind de “Funny games” (1997)—, despierta la incomodidad de un espectador acostumbrado a los puñetazos en el estómago, pero no a la acidez. Leer más >>

Lunes 16 Junio 2008

Desde aquí hemos reivindicado en otras ocasiones aquellas películas que debían celebrar su aniversario. Ha pasado medio año y la mayoría de las cumpleañeras de este 2008 sigue sin edición de superlujo en dvd ni una mención más que breve en alguna página especializada. Los lujosos estrenos de la temporada pre-Oscar® y la temporada veraniega que ya empieza a lanzar su artillería eclipsan el recuerdo de las películas que en los primeros meses de 1958 llegaban a las carteleras sin sospechar, o quizá sí, de su vigencia tras medio siglo. Cincuenta años de obras maestras como “Vértigo”, de Hitchcock, y “Sed de mal”, de Welles, dos monolitos de dos genios que reinventaron el papel de la cámara y cuyos logros continúan copiándose a destajo en la actualidad. Otros títulos emblemáticos se han visto sin una triste vela, como “El americano tranquilo”, de Mankiewicz, o “Indiscreta”, una maravillosa comedia de Stanley Donen con Ingrid Bergman y Cary Grant, cansados del romanticismo de sus respectivas filmografías.

feliz-no-cumpleanos-08.jpg

“Gigi”, “Los vikingos”, “Buenos días, tristeza”, “La mosca”, “Los hermanos Karamazov”, “Nazarín”, “Brumas de inquietud”, “El pisito” o “El bello Sergio”, cada una de ellas responsable de efectos más o menos imborrables en la memoria del espectador medio. Y más jóvenes, pero igual de frescas –bueno, algunas huelen un poco–, se mantienen las películas estrenadas en 1983, hace veinticinco años: “Videodrome”, “Rebeldes”, “Blue Thunder”, “La balada de Narayama”, “Flashdance”, “Superman III”, “Juegos de guerra”, “El retorno del Jedi”, que comentamos hace unas semanas, o “Octopussy”, la decimotercera entrega oficial de James Bond, que este año coindice con “Quantum of solace”. Por suerte para Daniel Craig, no tiene un rival como sí le sucedió ese año a Roger Moore con Sean Connery y “Nunca digas nunca jamás”. ¿A quién se le ha podido pasar por alto el aniversario de un duelo de esas dimensiones?

En las imágenes: Fotograma de “Sed de mal” - Copyright © 1958 Universal International Pictures (UI). Todos los derechos reservados. Fotografía promocional de “Vértigo” - Copyright © 1958 Alfred J. Hitchcock Productions y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Rebeldes” - Copyright © 1983 Pony Boy y Zoetrope Studios. Todos los derechos reservados.

Martes 10 Junio 2008

M. Night Shyamalan, hasta la fecha, no ha repetido subgénero, y a pesar de que el impactante éxito de “El sexto sentido” (1999) pudiese haberlo especializado en cintas de terror sobrenatural. Los espectadores fruncían el ceño al oír su nombre, pocos especialistas recordaban “Los primeros amigos” (1998) más que como un título olvidable, pero ambos grupos se empezaban a preguntar quién era ese joven indio capaz de revolucionar las salas de medio mundo. De la nada absoluta a las reverencias de la crítica, las seis nominaciones al Oscar® –no se llevó ninguno, pero sí el mérito de ser la tercera producción de horror, tras “El exorcista” (1973) y “Tiburón” (1975), en competir por el premio a la Mejor Película–, y, especialmente, el agradecimiento de los fans que veían revitalizarse al género. Y de qué forma: desde ese momento, pocas historias de suspense fabricadas en Hollywood –y fuera de él– han prescindido del famoso twist final, muleta que a estas alturas sostiene a relatos de cojera curada de disimulo.

sexto-sentido-1.jpg 

Sólo hay que comprobar cómo la promoción de “Los Otros” (2001) en Estados Unidos se vio resentida por los enormes parecidos con el taquillazo de Shyamalan. Pero todo ídolo de barro presenta las huellas de quienes lo fueron moldeando. Los referentes del director a la hora de concebir “El sexto sentido” fueron asimilados mediante un lenguaje elegante y moderno, un estilo que se transformaría en marca de la casa junto a sus obsesiones ya comentadas. La peor, en sentido práctico, de todas ellas: el giro que impone una relectura de los acontecimientos, una sucesión de fogonazos-flashback en la mente de protagonista y espectador que convierten el primer visionado en una experiencia única y los siguientes en un juego donde se conoce la trampa. Eso con suerte y si nadie ha revelado de antemano la tecla de la discordia: yo, como tantos otros, fui una de las perjudicadas por el fenómeno boca-oreja revienta-argumento de “El sexto sentido”, de modo que esa sensación la perdí para siempre –y sin ánimo de sonar fatalista…–. Leer más >>

Lunes 9 Junio 2008

El director de origen hindú, para muchos de nombre impronunciable –no se quejarían tanto si conociesen su nombre de nacimiento: Manoj Nelliyattu Shyamalan– tiene un problema. Sus detractores estarán ya asintiendo, pero la traba no tiene que ver con él o su cine, sino con su público. Pocos cineastas horneados en Hollywood en la última década son capaces de despertar tanta expectación y tan encendidos debates antes y después de que los estrenos lleguen a las salas. Debería valorarse como algo positivo que unas películas, al margen de que convenzan más o menos a unos u otros, remuevan tanta reflexión y sano apasionamiento. El problema, decía, es que gran parte de los espectadores de M. Night Shyamalan se dividen en bandos enfrentados, aunque cada cual tenga su propia jerarquía de cintas preferidas. Hace tiempo que se abrió una lucha de trincheras donde se intercambian bombazos, opiniones cargadas de ira o amor sin apenas argumentos y mucha ansia por tener la razón. Algunas convenciones no escritas han terminado asumiéndose globalmente a causa de ese enfretamiento: películas que son indiscutibles obras maestras –“El protegido” (2000)– y otras que huelen a timo, por no decir cosas más fuertes — “La joven del agua” (2006)–.

shyamalan-4.jpg 

¿De dónde procede tanta decepción acumulada? A Shyamalan se le exige demasiado, y entiéndame, es necesario exigir, pero no de una manera que aniquila la libre creatividad del autor y la disparidad de juicios. Parte del problema provendría, pues, del propio director, ¿culpable? de sembrar la cultura del giro final con “El sexto sentido” (1999). Pero no debe olvidarse que ni fue el primero en recurrir a tan discutible estrategia narrativa ni por su eficacia todas sus historias deben, forzosamente, acudir a ella. Los estudios o su propio ego han marcado una tendencia continuista que tarde o temprano acabaría cansando a quienes antes aplaudían el truco. A quienes se hartan de la atracción con cinco loopings y piden que la siguiente tenga diez, o quince. Salvando las distancias, Alfred Hitchcock también sufrió de ataques similares, algunos de los cuales hoy consideramos injustificados y verborreicos. Como dice un personaje de la serie “Mad Men”, ambientada en 1960, «¿Has visto “Psicosis”? Menuda tontería». No importa que sus películas se califiquen de forma obtusa como buenas o malas, lo que interesa es que Shyamalan es un buen alumno. Leer más >>

Domingo 8 Junio 2008

John Hurt alecciona al candoroso Elijah Wood acerca del clásico axioma que vincula el aleteo de una mariposa con el nacimiento de un huracán en el otro lado del mundo. Discurso agresivo que forma parte del primer tramo de “Los crímenes de Oxford” (2007), esa película anti-matemáticas, como “La habitación de Fermat” (2007), que la próxima semana disfruta de un lanzamiento de lujo en dvd. La anécdota de apertura no es insustancial, ni para la susodicha historia ni para trazar el perfil del director, Álex de la Iglesia, más conocido por sus profesores en la Universidad de Deusto, en Bilbao, como Alejandro de la Iglesia Mendoza. No sería el primero, pero desde luego puso de moda y alzó a categoría respetable al estudiante que hace vida en la cafetería y acumula ideas creativas entre partida de mus y charla cinéfaga. Un viento rotando en círculo, como el de un friki incomprendido por la gran masa de la intelectualidad universitaria, y que acumula dentro su adoración por los cómics, la serie B y la estética sangrienta, juguetona e indolora, al estilo de las producciones que aprovechaban los restos del staff hollywoodiense. Hoy a su vez material desechable para mundos viejunos.

alex-de-la-iglesia-1.jpg 

Rancio parecía también el panorama cinematográfico español, sumido en peleas políticas y recuperaciones históricas que alimentaron las razones por las que ahora muchos jóvenes rechazan el cine patrio. Por allí pululaba Almodóvar, trastocando el significado de lo castizo, término que interesaría a de la Iglesia desde una óptica especial, extranjera. Algo que nadie debe confundir con otros realizadores que, por beber de universos ajenos, han terminado también por firmar películas ajenas, flotantes en un limbo sin personalidad. No hace falta pronunciar sus nombres, pues están en boca de todos. Unos créditos añejos y malgastados, de rótulos monumentalistas, introducen a “Mirindas asesinas” (1991), el primer y único corto que rueda el director junto a su coguionista habitual, Jorge Guerricaechevarría. Lo corriente de un bar, de un par de copas y de unos anodinos clientes se transforma en una matanza de elevadas dosis paródicas, razón de su éxito en un país nada acostumbrado a reírse de sí mismo. Álex de la Iglesia huye de los extremos, aunque pudiese parecer lo contrario, no gusta del acartonamiento formal ni de la humillación como remedio, abre la auténtica tercera vía en una industria que ofrece al público productos grises, en los que nadie quiere verse reflejado. Leer más >>

Viernes 6 Junio 2008

Para definir a Renée Zellweger en “Ella es el partido” (2008), lo último de George Clooney con un obvio aroma clásico, aunque poco nostálgico, se ha recurrido a los nombres de decenas de actrices previas. Y es que la mujer que accede a un puesto de trabajo tradicionalmente masculino, más aún si se trata de la redacción de un periódico, más aún si hablamos de la sección de deportes, revoluciona la batalla de sexos que tanto, y a veces tan bien, ha alimentado a la comedia hollywoodiense de los dorados años cuarenta, aunque la película se ambiente en 1925. El ejemplo paradigmático fue Rosalind Russell, dotada de una apariencia bastante agresiva y poco sofisticada, en “Luna nueva” (1940), donde volvía loco a Cary Grant en el corto tiempo de un día, suficiente para constatar las tensiones del oficio. Años más tarde Billy Wilder rememoría esta aplaudida y ágil cinta de Howard Hawks en “Primera plana” (1974), sólo que ahora el papel de Russell lo interpretaba… Jack Lemmon.

reporteras-1.jpg 

Pero ese mismo año otra fastuosa comedia, “Historias de Filadelfia” (1940), mostraría el reverso de la reportera vivaracha en la fotógrafa de Ruth Hussey, capaz de pasar desapercibida al convertir su cámara en un discreto bolsito bandolera. Y no todas fueron tan honestas, por competitivas o descreídas, sino que otras damas de buen ver también utilizaron la redacción del periódico para retreparse en el mercado de las exclusivas y, casi siempre, renunciar al éxito por la dignidad de algún implicado. Caso de Jean Arthur en “El secreto de vivir” (1936) o de Barbara Stanwyck en “Juan Nadie” (1941) –para Frank Capra los chupatintas son un leitmotiv constante, descubridores del reverso de una América imperfecta que, paradojas de la vida, podía recibir su justo y esperanzador final–. Unidos o separados por la edición de la mañana, como Charles Foster (Orson Welles) mientras desayunaba con su primera mujer en “Ciudadano Kane” (1941). Katharine Hepburn ya se lo hizo pasar mal a Spencer Tracy antes de los juzgados o el mundo del golf en “La mujer del año” (1942), en la que su matrimonio hacía aguas a costa de la rivalidad periodística. Leer más >>

Viernes 30 Mayo 2008

Parece nueva, pero no lo es. “Fay Grim” llega hoy a las carteleras españolas, aunque la producción data de 2006. Las pequeñas voces del mercado internacional –sí, también de Estados Unidos– se modulan a antojo por ciertas distribuidoras mientras las delicatessen se hacen de rogar. Por suerte, el cine de Hal Hartley se mantiene fresco y joven a pesar de dos años en el congelador, y a pesar también de que fue hace más de diez años cuando nació el germen de este nuevo estreno. Fay Grim es un personaje de “Henry Fool” (1997), una preciosa e hiriente película que le valió la Palma de Oro al mejor guión en Cannes, ejemplo del estilo inconfundible del director neoyorquino, entre el sentido del humor y la mirada honesta. Estudiante de arte y cine, enclaustrado como todos los principiantes en tareas paralelas a la dirección, pudo empuñar la cámara y dar vida a sus concisos y sinceros guiones gracias a Jerry Brownstein, con quien fundó la productora True Fiction y firmó su primer largo, “La increíble verdad” (1989). Su debut en el cortometraje, “Kid” (1984) inauguró una carrera coherente y desapercibida para los círculos mayoritarios de críticos y de espectadores.

hartley.jpg

Una trayectoria formada por títulos tan hermosos como “Trust” (1990), “Amateur” (1994), “Flirt” (1995) o “The girl from Monday” (2005), algunos tan extraños como “No such thing” (2001), de corte fantástico, y en los que a veces también compone la banda sonora y ejerce tareas de montador, siempre bien arropado por actores habituales del indie como Martin Donovan, Bill SageAdrienne Shelly –fallecida trágicamente y que debutó en la dirección con “La camarera” (2007)– o Parker Posey, protagonista de “Fay Grim”. Después de vivir problemas y enfrentamientos por la titularidad de los derechos de sus películas, Hartley trabaja bajo su propia productora, Possible Films, y desde 2001 hasta 2004 compaginó su vertiente artística con las clases que impartía en nada más y nada menos que Harvard, antes de mudarse a Berlín. El gobierno francés lo nombró caballero de las artes y las letras en 1997, acto que honra al país vecino del que deberíamos aprender su consideración por Hartley. En España resulta difícil encontrar su filmografía, más aún que los estrenos lleguen, de modo que se agradece el reciente pack con dos títulos y varios cortos editado por la Fnac. De recomendable revisión antes de tantear la novedosa presencia de una película Hartley en nuestra cartelera.

En la imagen: Hal Hartley dirigiendo a Parker Posey en “Fay Grim” - Copyright © 2006 HDNet Films, Neon Productions, Possible Films, This Is That Productions y Zero Fiction Film. Todos los derechos reservados.

Miércoles 28 Mayo 2008

A una editorial listilla, espoleada por los descendientes del autor, se le ha ocurrido que la mejor manera de celebrar los cien años del nacimiento de Ian Fleming, escritor y periodista inglés que alumbró al personaje de James Bond, es sacar un nuevo título a la venta que, desde luego, no se trata de una novela inédita ni de un dictado de ultratumba. “La esencia del mal” servirá de excusa más para una nueva entrega cinematográfica, aunque para eso no hacen falta libros de por medio –siempre se puede recurrir a la repetición, caso de “Casino Royale” (2006), o a la inventiva del guionista de turno, como la próxima “Quantum of solance” (2008)–. Un 28 de mayo de 1908 nacía en Londres un niño hijo de parlamentario y de apellido científico que, sin embargo, rebasaría los límites de la ciencia y la tecnología punta con su imaginativo mundo de espías. Y cómo se retuercen las cosas cuando quieren: uno de sus primos es Christopher Lee, cuyo cumpleaños comentaba ayer. Pero, de nuevo, el protagonista de estas líneas no tuvo mucho que ver con el universo del actor de la Hammer.

fleming-1.jpg 

Criado en elitistas colegios como el prestigioso Eton, pronto vio frustrada su carrera política, quizá más acuciada por influencia paterna, y arribó en la agencia Reuters, donde sirvió como periodista hasta los preparativos de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a ser comandante en la marina, mandato en el que concibió la nunca llevada a término operación Goldeneye –después una de las películas Bond y el nombre de su casa jamaicana– para mantener contactos en Gibraltar frente a las alianzas españolas con los regímenes fascistas. Y no sólo sirvió esta etapa como caldo de cultivo para futuros títulos, sino para conocer a hombres de carne y hueso que más adelante le inspirarían al famoso agente 007: los espías británicos William Stephenson, Michael Mason o Fitzroy Maclean, o el comandante Patrick Dalzel-Job, aunque Fleming siempre mencionaba que su referente directo había sido Cary Grant. Una paradoja cuando, a la hora de llevarse a la pantalla la primera versión, “Agente 007 contra el doctor No” (1962), el autor proclamó su preferencia por David Niven –quien aparecería en “Casino Royale” (1967), aunque Fleming ya no estuviese allí para verlo–.

fleming-2.jpg 

Claro que por aquella época Grant habría ofrecido un Bond canoso –o teñido, que es peor–. Pero antes del parto cinematográfico, el no menos licencioso y fiestero Fleming se recluye en 1952 en una isla de Jamaica, poco después de haber contraído matrimonio con Anne Geraldine Charteris –punto de partida para el biopic que podría tener a Leonardo DiCaprio por protagonista–. La vida marital es un mero trámite para las parejas acomodadas de los años cincuenta, de modo que el ex-periodista decide matar el tiempo aniquilando sobre papel a bandas de maquiavélicos soviéticos o malvados con ansias de destrozar el mundo. Bautiza a su álter ego con el nombre del autor de un libro de ornitología, uno de sus pasatiempos preferidos, y firma “Casino Royale”, publicada en 1953 y a la que seguirían otras trece novelas, todas ya llevadas al cine, y nueve relatos cortos. El agente al servicio secreto de su majestad sería el único rasgo de continuidad en sus libros, marcados por cambios de chica –la primera, Vesper Lynd, su amor truncado y encarnada en la gran pantalla por Ursula Andress y Eva Green–, de enemigos y de exóticas localizaciones.

fleming-3.jpg 

Simples novelitas de serie B que se transformaron en best sellers en cuanto el presidente Kennedy afirmó que le encantaba “Desde Rusia con amor” –después una de las mejores adaptaciones Bond y la última que pudo ver Fleming, fallecido en 1964–. El éxito de la saga 007 garantizaría sus ingresos hasta la siguiente generación y demostró que la literatura no era, después de todo, su necesidad vital –de las pocas obras ajenas al universo de espías que escribió, sólo destacó la novela infantil “Chitty Chitty Bang Bang”, también llevada al cine en 1968–. Recordemos que al agente James Bond le han dado rostro en celuloide Sean ConneryGeorge LazenbyTerence Cooper, Peter Sellers, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig, y para gustos la variedad de perchas que suman entre todos, y que el propio Ian Fleming ya ha tenido retratos ficcionados, aunque sólo para televisión: “Goldeneye: The secret life of Ian Fleming” (1989), con Charles Dance, y “La vida secreta de Ian Fleming” (1990), curiosamente interpretado por Jason Connery, hijo del actor que, para muchos, inmortalizó los rasgos del espía que nunca muere.

En las imágenes: Fotografía de Ian Fleming © 1960 GettyImages. Todos los derechos reservados. Detalle del cartel de “Goldfinger” © 1964 Danjaq y Eon Productions. Todos los derechos reservados. Detalle de los créditos de “Operación trueno” © 1965 Danjaq y Eon Productions. Todos los derechos reservados. Escena de “Casino Royale” © 2006 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

Sábado 24 Mayo 2008

Y mientras Spielberg está con su equipo de celebración por el éxito que empieza a cosechar “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal” (2008), George Lucas regresa al rancho Skywalker para maquinar con la caja registradora que tiene por mente. ¿Que este año cumple 25 primaveras “El retorno del Jedi” (1983)? Pues, estará pensando, que lo celebren los frikis y ahorren un poco de la fiesta para la entrada que les cueste el nuevo sacacuartos de Lucasfilm, “Star Wars: The clone wars” (2008), cuya –supuesta– primera entrega se sitúa hace mucho, mucho tiempo, entre las acciones del episodio II y III de la saga –ya saben, entre los clones y los sith–. ¿Por qué no está Lucas tan contento del cumpleaños de su retoño y se dedica a nuevas, ejem, creaciones?

el-retorno-del-jedi.jpg

¿No se le ha ocurrido una colección de peluches ewook para los más pequeños –ciertamente los únicos que toleran a estos bichejos peludos–? ¿O pactar con Victoria’s Secret una réplica comercial del biquini-esclava de la princesa Leia –dado que ya los hay para perros, no se lo pierdan–? La obsesión de los fans –masculinos– por esta prenda ya fue parodiada en un episodio de “Friends”, aunque nunca me he explicado qué tiene de sexy ver a la pobre Carrie Fisher postrada con esas pintas contra el baboso Jabba. Bueno, sí me lo imagino, pero… ¡qué retorcido! En cualquier caso, qué mejor manera de conmemorar este verano la última-tercera-loquesea película de “La guerra de las galaxias” que con playas rebosantes de biquinis dorados.

En la imagen: Carrie Fisher caracterizada con el biquini de Leia en una imagen promocional de “El retorno del Jedi” - Copyright © 1983 Lucasfilm. Todos los derechos reservados.