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sección de clásicos de la revista de cine LaButaca.net 
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De la vida a través de la muerte, o viceversa, pero, en cualquier caso, una exaltación apoteósica de una figura magnética, hipnotizante, carismática, por encima de la cual, aún así, sigue brillando, poderosa, la música. Joe Gideon (su recreación a cargo de un desmelenado Roy Scheider roza, en muchos momentos, y pese a algún exceso histriónico, lo magistral), genio artístico, politoxicómano y mujeriego impenitente, no sólo es el personaje protagonista de esta maravilla con la que Hollywood echaba el cierre a la década de los setenta del siglo pasado y demostraba, de paso, la condición imperecedera de un género como el musical: siempre al borde de la tumba, según los agoreros, y siempre resucitado, algo que no podemos discutirle siquiera aquellos que no nos contamos entre sus seguidores más entusiastas, sino que, en su condición de álter ego del autor, Bob Fosse, asume un rol de sumo sacerdote, a cuyo través se oficia la liturgia de una vida entendida como exaltación de todo lo sensorial luz, sonido, color, movimiento hasta la frontera de lo paroxístico.

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El visionado de “Empieza el espectáculo” puede significar una experiencia de las que remueven convicciones y generan cambios de tendencia: la luminosidad de su fotografía, la tremenda calidad de la colección de canciones que se integran en su banda de sonido, la brillantez de sus números de danza; toda una batería de argumentos para enganchar y convertir al más impávido de los mortales en un converso que se sorprende, atónito, meneando los pies de manera totalmente involuntaria a los acordes del “Bye, bye, love”. También es posible que, a día de hoy, y soplando como soplan los vientos de la correción política, la realización de una película tan kamikaze como ésta (en lo atinente a sexo y drogas, fundamentalmente) no fuera viable para la industria hollywoodiense. Por eso podemos considerarnos, en cierta medida, afortunados: el testamento cinematográfico de Fosse ya está ahí, intocable, y al alcance de nuestros ojos y oídos. Contagiémonos de su espíritu hedonista y disfrutemos rindiéndole homenaje: cantando, follando, bailando. En suma, viviendo. ¿No…?

En la imagen: Roy Scheider en “Empieza el espectáculo” - Copyright © 1979 Columbia Pictures Corporation y Twentieth Century-Fox Films Corporation. Todos los derechos reservados.

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Pues a mí “All that jazz” me despierta más bien sensaciones pesimistas, detrás de toda esa cortina de espectáculo continuado y aparentemente hedonista. Como una canción de Queen. ¿Y la gente que no sepa hacer bien ninguna de esas tres cosas que mencionas al final, Manuel? Hala, pobrecicos, ya no podrán vivir XD

Comentario #1 por Almudena Muñoz Pérez
Escrito el 25.03.08 a las 19:38

Entiendo bien, compa Almudena, ese regusto pesimista que una peli como ésta te puede dejar, no le falta material propio para ello: evidentemente, detrás de toda esa parafernalia de luz, sonido y color, hay un profundo regusto amargo, claro que sí. En cuanto a lo de hacer las tres cosas del final BIEN, no sé, qué quieres que te diga: para algunos (muchos, quizá), con hacerlas ya nos vale; hacerlas BIEN debe de ser la leche…

Gracias por tu comentario y un fuerte abrazo.

Comentario #2 por Manuel Márquez
Escrito el 26.03.08 a las 14:56



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