clásicos.labutaca.net

 
sección de clásicos de la revista de cine LaButaca.net 
« Inicio | Página de la entrada:

Como lo prometido es deuda, es hora de rendir el homenaje debido a ese par de grandes huracanes que, si otrora despertaron huidas en masa, hoy generan la fascinación de las espirales que nacen del escándalo y la ruina. Después de que Bette Davis, esa rubita de belleza extraña contratada por la Warner, fuese la actriz fetiche de Alfred E. Green, Archie Mayo, William Dieterle o Michael Curtiz, 1938 debería ser recordada como fecha determinante: William Wyler se cruza en su vida profesional y, parece ser, también sentimental –que no habría de envidiar en nada a las caóticas pasiones de sus películas juntos, pues él estaba casado–. Arranca así la susodicha trilogía: un crescendo de episodios en los que la maldad, manipulación y aprovechamiento femeninos rozan la cumbre de lo sublime y exasperante. El primer capítulo, sin embargo, como todos los inicios dubitativos, adolece de una finalidad catártica que más adelante la inteligencia de Wyler eliminaría de un plumazo.

Bette conducía a la perdición, nadie sabía muy bien cómo, pero sus esquivos propósitos siempre daban resultados, de modo que nadie deseaba redimirla en papeles de niña buena enloquecida por las circunstancias –o al menos sólo le ofrecerían este premio en el último tramo de su carrera, como tan bien supo recuperarla Robert Aldrich–. Unos rasgos parecidos dibujan la psique de Julie Marsden, una muchachita malcriada de Louisiana que no entiende la diversión sin fastidiar o poner al límite a los demás. El principal afectado es su elegante y rico prometido, Preston Dillard –Henry Fonda interpretando el rol opuesto al de otro melodrama de época de Wyler, “La heredera” (1949)–, a quien un baile público y una atrevida elección estética –las solteras virginales a punto de casarse han de lucir el consabido vestido blanco y no el rojo que escoge Julie a última hora– lo disuaden de mantener el lazo afectivo y social con la dama. Lo que para otra habría sido llanto y futuro célibe, para Julie supone el nacimiento de una Jezabel retorcida que actúa en los inofensivos salones de té tras afilar el escote y la agudeza de una conversación masculina.

 

Mientras Wyler domina la puesta en escena, barroca y profunda –anticipándose a Orson Welles–, y controla la rigidez de los secundarios que representan la solidez del ideario conservador, Bette desata su furia interpretativa para oponerse, en fondo y forma, a todo lo que rodea sus planos. El director empezaba de esta manera su ciclo de odas a la mujer libre e independiente, o quizá cantos exclusivos al dominio de la actriz, pero que en vez de llevarse bien con los hombres –caso de Katharine Hepburn– canalizaba la represión sufrida por su sexo en un odio irracional que podía esconder un amor profundo e insatisfecho… o nada. El hechizo de estas mansiones decadentes y sus figurines a punto de llevárselos el viento halla un punto de anclaje en los ojos de Bette, inquietantes en su mundo de ramilletes y bordados, cubiertos por una gruesa capa que, tal es el caso, acabaría rompiéndose, pero Wyler no fue tan generoso en ocasiones posteriores… La película se resintió del fastuoso éxito de “Lo que el viento se llevó” (1939), cuya heroína no menos pérfida ajusticiada por el mazazo de la Guerra de Secesión oscureció el recuerdo entre público y crítica de este primer acercamiento temático –aún así ganador de sendos Oscar® a Mejor Actriz principal y secundaria, para Fay Bainter–. Y es que si Victor Fleming incendió Atlanta, tal vez fue a causa de las chispas que saltaron desde los sets en los que habían trabajado Wyler y Bette.

En las imágenes: William Wyler y Bette Davis en una pausa del rodaje de “Jezabel” - Copyright © 1938 Hulton Archive/Getty Images. Todos los derechos reservados. Y fotograma de “Jezabel” - Copyright © 1938 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Hay 5 comentarios. Deja el tuyo »


Buf, magnífico “post”, Almudena, hace tiempo que no vuelvo a echarle un vistazo a “Jezabel” y me entra ganas de hacerlo. ¡Felicidades!

Comentario #1 por Joaquín R. Fernández
Escrito el 02.02.08 a las 16:13

Gracias, Joaquín! Yo de lo que tengo ganas es ver de una vez películas de Bette o Wyler imposibles de encontrar… snif

Comentario #2 por Almudena Muñoz Pérez
Escrito el 03.02.08 a las 15:08

¿Cuáles no has podido ver en concreto? Porque, la verdad, algunas no han sido editadas por estos lares o ni siquiera las echan en los canales de pago.

Comentario #3 por Joaquín R. Fernández
Escrito el 03.02.08 a las 17:56

Me encanta “Jezabel” y tu artículo, y cómo transmites la intensidad de la historia y el ambiente en esas “mansiones decadentes”. Hace tiempo leí -no sé si estoy en lo cierto- que Wyler estaba preocupado porque la secuencia del baile tenía tal fuerza que podía producir un desequilibrio con el resto del film. Hace muchos años hubo un ciclo en TVE2 del Melodrama, yo era un crío, pero las imágenes del baile con el vestido rojo se me quedaron ya grabadas, y son de esos momentos que pasan a formar parte privilegiada de esa especie de archivo, de educación de Cine, que todos tenemos.

Saludos!

Comentario #4 por Miguel Laviña Guallart
Escrito el 04.02.08 a las 20:29

Es cierto lo del baile, Miguel, pues después de una apertura tan social uno no se espera tantas escenas minimalistas, no como en “Lo que el viento se llevó”, donde el baile llega después un largo sembrado.

Comentario #5 por Almudena Muñoz Pérez
Escrito el 05.02.08 a las 20:28



Escribe tu comentario

Nos gustaría conocer tu opinión sobre los temas planteados. Déjanos tu comentario mediante el formulario que encontrarás a continuación.

AVISO IMPORTANTE: Los comentarios están sujetos a moderación y aparecerán publicados lo antes posible. Se eliminarán todos aquellos que contengan insultos, publicidad, textos ininteligibles o que no guarden ninguna relación con los contenidos de esta entrada.

Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>

(requerido)

(requerido; no se mostrará)