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Y es que quizá ese honor le corresponde a Errol Flynn, transmutado en “El capitán Blood” (1935), pues unas imágenes de dicha película aparecen en la televisión que Sloth consume, encadenado a esa única alternativa. Si ahora a alguien no le suena de nada Sloth, entonces tiene un problema. O un regalo: ver por primera vez “Los Goonies” (1985) debe de ser una experiencia inolvidable que en mi memoria se emborrona por la primera infancia. Sin catálogo de efectos especiales, favorecida por un ritmo trepidante que la hermanaba con esas novelitas de ‘escoge tu camino’, este clasicazo de Richard Donner posee un valor incalculable para aquellos que no contamos las riquezas en monedas de oro y piedras preciosas. En ella, de alguna forma, se mantiene encerrado un espíritu joven, que no infantil, de la misma forma que en la saga de “Indiana Jones” –el propio Spielberg firmaba la historia, y el diseño del cartel promocional remitía a su rentable franquicia–.

 

Nosotros no teníamos una pandilla de amigos leales hasta la muerte, si eras el gordo nadie te gritaba «¡Gordi!» con el mayor de los cariños, la chica de tus sueños nunca te besaba y los padres en apuros no podían calmarse con una bolsa de canicas. Pero en esta cueva todo era posible y se cumplía un doble deseo: la satisfacción de una perspectiva vital y de otra cinematográfica. Porque, como Sloth, pudimos habernos quedado impávidos ante nuestras cadenas, consumiendo televisión e imaginando el sabor del chocolate. En lugar de eso, tomamos ejemplo de Flynn y nos lanzamos al abordaje de ese barco, que diría Shakespeare, que diría Sam Spade, hecho con la misma materia que los sueños. Cruza el horizonte en la hora justa, cuando la fantasía ha finiquitado su función y la madurez, la unión del grupo y la aceptación de uno mismo ya se han producido.

 

Mikey (Sean Astin), Bocazas (Corey Feldman), Gordi (Jeff Cohen), Brand (Josh Brolin), Data (Jonathan Ke Quan), Andy (Kerri Green) y Stef (Martha Plimpton) no sólo vivían la aventura ideal de todo niño, encontrar su propio parque de atracciones oculto, sino la experiencia filosófica de la caverna de Platón. Tuvieron que descender a la oscuridad, armados con linternas y un mapa como único guía sincero, para descubrir la salida, el boquete de luz que les devolvería la ilusión por vivir como seres reales y honestos. Supermanes escolares –Donner se ríe de sí mismo con la camiseta que luce Sloth–, los héroes de muchos, mis héroes, porque nacieron el mismo año que yo y cuando vuelvo a encontrármelos me siento igual de joven que cuando descubrí mi primer tesoro.

En las imágenes: Fotogramas de “Los Goonies” - Copyright © 1985 Amblin Entertainment y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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